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Los sherpas del Everest (II)

Las últimas semanas han sido convulsas en el campo base del Everest. De nuevo, aquella ciudad improvisada a más de 5.300 metros de altitud ―las coloridas tiendas de campaña de cerca de mil personas contrastan con la sobriedad del glaciar― ha atraído la atención de periodistas de todo el mundo. Tras el terrible accidente en el que murieron dieciséis sherpas, los titulares sobre el Everest se han sucedido. Desde entonces se ha dicho de todo. Con rapidez, sin reflexión, a menudo sin contrastar los datos. Ya saben cómo funciona Internet. Incluso algunos medios de comunicación han publicado información contradictoria. Finalmente ha sucedido no-sé-qué, decían. Y al poco tiempo publicaban todo lo contrario. Tampoco han faltado los cantamañanas de turno: aquellos que siempre tienen muy claro quiénes son los buenos y quiénes son los malos de todas las películas. Sus teclados escupían demagogia barata con una velocidad vertiginosa mientras las páginas webs sobre montaña de todo el mundo publicaban estos artículos en la portada.

Amanece en el Valle del Khumbu. Muy cerca de Namche Bazar ―el principal centro comercial y administrativo de la región―, la visión del Everest, el Lhotse y el Ama Dablam sorprende a miles de “trekkers” todos los años. (Fotografía: Alejandro Echart.)

Apenas si quedan unas pocas expediciones en la montaña. Muchos de los sherpas contratados para instalar cuerdas fijas o portear el material decidieron marchar a sus casas. Parece que algunos alpinistas extranjeros concluyeron no continuar como muestra de respeto; otros porque, sin la ayuda de los sherpas, escalar el Everest es demasiado difícil. Sin embargo, los motivos que llevaron a la mayoría a tomar esta decisión todavía son confusos. Desnivel.com ha traducido y publicado un artículo de Sumit Joshi ―responsable la agencia nepalí Himalayan Ascent― donde desmiente algunos rumores difundidos a través de las redes sociales y diversos medios de comunicación. «Los días posteriores del accidente fueron desconcertantes ―explica―. Sin embargo, nunca escuché ningún rumor de que hubiera amenazas sobre los trabajadores de montaña que quisieran escalar. Tampoco vi actos de violencia ni rumores de que hubiera influencias maoístas externas. (…) Me pregunto si los occidentales que están publicando ese tipo de rumores han entendido mal la situación. La situación era simplemente un caos de emociones».

Joshi trata de rebatir declaraciones como las del experimentado guía de montaña Tim Rippel, propietario de la agencia Peak Freaks. «La ira estaba aumentando en el campo base ―escribió―. Se habló de represalias sobre los sherpas que querían continuar. Incluso amenazaron a sus familias. La situación parecía muy peligrosa». Numerosos blogs y otros expedicionarios le respaldaron. Incluso varios periódicos afirmaron que al menos cuatro equipos occidentales fueron directamente amenazados por un grupo de sherpas con vínculos maoístas. «Dijeron que utilizarían palos, piedras y machetes para salirse con la suya», señaló un escalador estadounidense. El guía británico Tim Mosedale se mostraba muy preocupado: «Me di cuenta de que si continuábamos escalando, podríamos encontrarnos a nuestro regreso aldeas en llamas. ¿Cómo podemos exponernos a semejante riesgo?». Mosedale es muy crítico ―por este motivo ha recibido numerosas réplicas a través de su blog―. Asegura que parte de la comunidad de escaladores sherpas «se ha enredado en una telaraña de mentiras, intimidación y violencia».

 

Antes de comenzar una escalada, los sherpas realizan una ceremonia religiosa denominada “puja”. Según su tradición, las montañas son las moradas de distintas deidades. (Fotografía: Alejandro Echart.)

Varios medios de comunicación continúan publicando información confusa y tampoco existe una versión oficial de los hechos. Muchos sherpas respaldan la versión de Joshi. Según el diario The New York Times, algunos de ellos reconocieron que «existía cierta tensión, pero nunca se utilizó la violencia ni hubo amenazas». Aún se desconoce qué ha ocurrido durante las últimas semanas en el campo base de la montaña más alta del planeta. «Es un momento de crisis para el Everest y para Nepal», explicó Phil Crampton (Altitude Junkies) tras reunirse en Katmandú con las autoridades locales. «Estos hechos ―añadió― deberían tratarse como una llamada de atención para el Gobierno nepalí».