Adiós al Canal 10 TV

Durante un tiempo salir a la calle daba asco. Quiero decir, más de lo habitual. Todo estaba inundado de toneladas de basura en forma de publicidad electoral. Los caretos de los políticos de turno aparecían en los árboles, en las farolas, en gigantescos carteles… Eran los mismos que luego hablaban de austeridad delante de los micrófonos. Así pretendían conseguir nuestros votos. A mí —como “pablista” convencido― todo aquello me resbalaba, así que me fui a la montaña.

Cuando volví al asfalto hablé con los del Canal 10 TV, la televisión municipal de Manzanares, el pueblo donde vivo. Se habían interesado por mi proyecto de “Al Otro Extremo del Desafío”. Fueron los primeros en creer en mí. Lanzaron la noticia al aire y muchos otros medios de comunicación la recogieron. En los siguientes días mi teléfono no paraba de sonar. Me hicieron un montón de entrevistas, aparecía en los periódicos…

Me hice un hueco entre los políticos, en una esquina de la página y en blanco y negro, pero no estaba nada mal. Sobre todo teniendo en cuenta que yo pienso que lo que hago no tiene mucho mérito. Simplemente soy un tipo que intenta despegarse su sopor urbano siempre que puede y, de vez en cuando, se acerca a alguna cumbre por curiosidad, para saber cómo se ve el paisaje desde allí arriba.

Al poco tiempo me propusieron emitir mis documentales en el Canal 10. Fui a sus estudios con unos cuantos pendrives en el bolsillo para enseñarles el material que había grabado este verano en los Alpes. Querían ver si tenían la calidad suficiente para la televisión.

Estaba nervioso. Lo mío era la antítesis de todo lo que se había emitido antes. Nada de mostrar recios alpinistas logrando proezas al alcance de muy pocos, sino las vicisitudes de unos amigos que no paran de reírse, que se quejan del frío que hace, del olor de los refugios de montaña, que lloran cuando llegan a la cima… Sólo Jesús Calleja había hecho algo parecido, y tiene casi tantos detractores como seguidores.

Sin embargo, gustó. Se estuvieron emitiendo varias veces durante tres semanas, y con un buen número de audiencia. Gente a la que no conocía de nada me saludaba por las calles, cuando salía a correr me animaban… No estaba acostumbrado. Tampoco estaba muy seguro si aquello era bueno o malo. Pero pronto supe que, por lo menos, merecía la pena: conseguí animar a algunos amigos a conocer el mundo maravilloso de la montaña.

Además, estaba ayudando a la gente de El Ingenito, un poblado perdido en lo más recóndito de República Dominicana que conocí la pasada primavera. Me pidieron ayuda, y yo, sorprendido, les prometí que se la daría. Entonces no tenía ni idea de cómo podía hacerlo, y ahora tampoco lo tengo muy claro. Sólo sé que, si es que consigo algo de dinero con mi proyecto, lo voy a destinar a ellos.

Hoy, esa cadena de televisión ya no existe, han dejado de emitir. Esta maldita crisis económica y los recortes presupuestarios que se están haciendo, han terminado con ella. Desde aquí quiero dar todo mi apoyo a estos profesionales que tras 22 años de andadura en la radio Onda Mancha Manzanares y 12 en la televisión seguían igual de frescos y con la misma ilusión que desde el principio. ¡Muchas gracias y ánimo!

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