Nunca os olvidéis el piolet

Este fin de semana he estado en Sierra Nevada. Hace tan sólo unas horas estaba subiendo el Veleta. Se trata de una montaña muy grande, su punto más alto está a 3.395 m. De hecho, algunos dicen que es “la cuarta cumbre más alta de España”. Aún así, por su ruta normal, desde Hoya de la Mora, no es una montaña técnica, es más, su ascensión en bastante sencilla. Quizás por ello es muy frecuentada, y de vez en cuando suceden accidentes. No debemos menospreciar nunca al Veleta.

Como me estoy entrenando para mi próximo viaje a Rumanía iba casi corriendo y, cuando estaba muy cerca de la cima del Veleta, en las últimas palas, me encuentro con un señor parado solo. Me pregunta si voy al Veleta y si me puede seguir, que era su primera vez y no se sabía el camino. Aminoro el ritmo para que me pueda acompañar y veo que aún así le cuesta avanzar, por eso de vez en cuando me paro para que recupere. En una de las paradas me doy la vuelta y veo que no tiene piolet, ¡justo en la zona más comprometida! Son unas palas bastantes venteadas con hielo muy duro en las que, si te caes y no te autodetienes con el piolet puedes hacerte bastante daño.

Le pido que se lo saque y me dice que no se lo ha traído. Entonces le digo que se olvide de la cima y cambio de planes, la prioridad ahora es ponerle a salvo y se me ocurre llevarle a las pistas de esquí. No me lo puedo creer, no le quito ojo y veo que ni siquiera cramponea correctamente. Le enseño rápidamente cómo se hace y despacito y con mucha tensión le llevo hasta la seguridad las pistas. Allí me da las gracias y aunque le quise acompañar más tiempo insistió en que ya podía bajar el solo.

Casi os puedo asegurar que nunca más se le va a olvidar el piolet, pero no os recomiendo transpasar la máxima “de los errores se aprende” a la montaña, estos cuando suceden pueden tener de vez en cuando graves consecuencias. Así que, por favor, nunca os olvidéis del piolet, éste más que una herramienta de progresión es una herramienta se seguridad y nunca está de sobra.

Al final, ya más tranquilo, tiro otra vez hacia la cima del Veleta y la alcanzo. A pesar del tiempo que empleé en ayudar al señor lo hago en algo menos de dos horas desde Hoya de la Mora, que no está mal teniendo en cuenta que las guías dicen que hay que emplear por lo menos dos horas y media. Me hago unas fotos (que luego no se lo creen…) y me quedo congelado, hace mucho viento y la sensación térmica disminuye considerablemente.

Aunque en un principio tenía pensado subir también el Mulhacén (cuya espectacular cara norte se ve al fondo de la foto de abajo) decidí no hacerlo ya que mis temores se hicieron realidad. La predicción meteorológica decía que iba a entrar una tormenta por la tarde-noche y unas nubes bastantes feas empezaron a formarse muy rápido… ¡a ver si se va a adelantar! Más vale ser precavidos y bajo, que no quiero más sustos.

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Queda inaugurado este pantano…

Supongo que no me conoceréis. Me llamo Pablo Moraga. En mi pueblo sí, pero en el resto de España soy menos conocido que el segundo disco del Koala. Normal, no me puedo quejar, tampoco he hecho muchos méritos para ser archifamoso, ni quiero serlo, así estoy bien.

Me gusta el alpinismo, pero soy más bien un “pisapraos”. Este verano, cuando empiece la temporada “buena” en el Karakorum, no me voy a ir a escalar la Magic Line del K2, me iré a los Alpes a subir algún cuatromil. Tampoco tengo apuntado en mi agenda las fechas para ir a hacerme con un 9a, pero no hagáis muchos planes conmigo, casi todas las tardes las tengo ocupadas: me voy a entrenar con mis amigos. Ahora, en invierno, no ando buscando las cascadas de hielo más difíciles y efímeras, no me hacen falta, me lo paso tan bien en los corredores de las caras norte de Sierra Nevada…

Esto de la montaña es muy adictivo y yo, lo reconozco, estoy enganchado. Siempre he estado en el campo, ya sea buceando o viendo pájaros, mis otras dos grandes aficiones, y hace un par de años descubrí el mundo de la alta montaña. Primero fue el Mulhacén, lo quise subir en verano por la Vereda de la Estrella, pero no pude llegar a la cima, a pesar de que el parte meteorológico era bueno unas nubes amenazaban con descargar una importante tormenta. Aún así quedé prendado por la increíble visión de las caras norte del Mulhacén y la Alcazaba. Entonces no sabía cuándo, pero tenía que volver.

Unos meses después me apunté a una salida que había organizado el guía de montaña Jon Sanz al mismo pico. Desde Capileira y pasando la noche en el Refugio de Poqueira llegué por fin a la cima. Había coronado mi primer pico serio. Después vinieron algunas salidas a Pirineos, a la Sierra de Guadarrama, los entrenamientos… Y los programas de Jesús Calleja que tantas veces han sido criticados en los foros de montaña, estoy seguro que sin ellos ahora mismo no sería el mismo.

No os esperéis de este blog aventuras y expediciones épicas, si no más bien actividades que están al alcance de cualquiera. Si no tenéis ni idea de montaña, si confundís un piolet con una piqueta o si creéis que el Lhotse es una ley educativa no pasa nada, estoy seguro de que podéis hacer todas estas cosas. Pero entrenar duro, apuntaros a cursos, contratar guías de montaña, no tengáis prisa y, sobre todo, disfrutar mucho.

Yo no soy mejor que nadie. Si bien es cierto que hay gente cuyos desafíos son verdaderamente extremos, los míos no. Yo más bien estoy “al otro extremo del desafío”.

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